Estamos acostumbrados a sabores fuertes, muy dulces, muy salados. Esto es debido al elevado consumo de alimentos procesados de hoy en día. Éstos, tienen una gran potencia de sabor para atraer a la compra del producto. Y sobretodo la tienen los alimentos pensados para el consumo juvenil, los ya conocidos “sabor queso”, “sabor barbacoa”, “ali oli”, “campesino”, “picante”, “kepchut”, “jamón”, “tijuana”…. la lista es cada día mayor.

Después de comer este tipo de producto, casi cualquier cosa que ingiramos nos va a parecer sosa, y el problema es que ya desde muy pequeños se pueden acostumbrar a este tipo de sabores. Hasta los inofensivos “aspitos”, contienen una cantidad de sal que ningún niñ@ debería consumir, entre otras cosas, porque sus riñones son inmaduros y no filtran como los de una persona adulta.

Eliminar la sal de nuestra dieta de manera repentina es difícil, por lo que os vamos a enseñar una manera de hacerlo paulatinamente. Para ello necesitamos medir la cantidad de sal empleada en una semana. ¿Cómo lo hacemos? Utilizando un salero transparente en el que se pueda marcar con un rotulador.

Dentro de este salero añadimos una cantidad determinada de cucharadas rasas y realizamos la primera marca. Cuando termine la semana haremos la segunda marca. Pesando la cantidad comprendida entre ambas marcas, obtendremos los gramos de sal que hemos consumido en esa semana. A partir de ahí iremos reduciendo la cantidad poco a poco.

Nuestro paladar se irá acostumbrando sin problemas, pero si queremos echarle una mano, lo que podemos hacer es añadir especias a las comidas. No solo conseguiremos darle sabor, sino que muchas de ellas tienen propiedades muy beneficiosas, de las que pronto hablaremos en otro artículo.

Deja un comentario