Cualquier madre o padre sabe perfectamente como desearía que fuese la alimentación de sus hijos. Sana, variada, repartida en cinco comidas, con abundantes verduras y frutas, sin grasas saturadas, pobre en sal y azúcar añadidos, etc.

La realidad es que aún sabiéndolo no siempre lo conseguimos, a veces porque nuestra propia alimentación no es todo lo saludable y variada que deberíamos y lógicamente ellos van a copiar nuestros hábitos y otras muchas porque el entorno no nos lo pone nada fácil.

Por ejemplo nuestros horarios de trabajo no permiten que toda la familia coma junta o la falta de tiempo hace que recurramos a comidas elaboradas o casi elaboradas en vez de cocinar nosotros ¿y qué sucede? pues que la industria alimenticia, sobre todo la que elabora productos para niños, sabe muy bien lo que debe hacer para que les gusten y añaden azúcar, colorantes y otros aditivos que los van a hacer más agradables al gusto y a la vista, con lo cual una vez probados, el niño no va a aceptar alimentos con sabores y texturas naturales.

Además está la publicidad, hay muchísimos más anuncios de alimentos infantiles que para adultos, en estos anuncios podemos ver a sus héroes favoritos comiendo éste o aquel postre o si lo compran vendrá acompañado de un juguete, unos cromos para coleccionar, etc. ¿Cuántos anuncios hay que animen a los niños a comer judías verdes o guisantes? Seguramente muy pocos.

Por si todo esto no bastase, están las malas costumbres que la sociedad ha ido introduciendo en la vida de los niños y que todavía, aún sabiendo que no son beneficiosas para ellos, nos resistimos a eliminar. Por ejemplo, seguimos viendo como en muchos cumpleaños se regalan enormes cucuruchos llenos de golosinas que además de muchísimo azúcar llevan ni se sabe cuántas cosas más, o preciosísimas tartas hechas con esas golosinas que evidentemente a la vista tientan a cualquiera, o se les dan bebidas muy poco naturales y muy azucaradas.

¿Tendremos entonces que pasar a celebrar los cumples con un plato de brócoli? Por supuesto que no, ¿a quién amarga un dulce?  y no pasa nada si de vez en cuando o para celebrar algo, hacemos en casa unas ricas galletas o una tarta con productos naturales y saludables, o les compramos unas frutas deshidratadas que también son dulces ¡pero son fruta! y les gustarán más aún, habiéndolas también sin azúcar, además.

En resumen, animaros a cocinarles en casa comidas no demasiado complicadas pero naturales, sanas y variadas, que no beban más que agua, leche o zumos naturales y que los postres sean un alimento más y no un premio a cualquier precio, con el tiempo vuestros hijos y su salud os lo agradecerán.

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